Connections that become friendships

Headshot of Response Volunteer Erik Lundell
By Peace Corps Mexico
Feb. 27, 2024

Response Volunteer Erik Lundell shares his experience with serving in Mexico.

In 2019 I was sent as a Peace Corps Response Volunteer to a small branch of a large university in a mining town high up in the desert mountains in the state of Hidalgo, Mexico. My service area was English for Technical and Academic Purposes (ETAP). My primary role was that of co-teacher to four English language instructors who taught classes to students in the academic programs of law, engineering for mining purposes, and accounting and to high school students enrolled in the university’s preparatory program. My colleagues and I collaborated to create and conduct communicative classes and conversation sessions to help students develop their speaking skills in English. The personal and professional rewards were incalculable.

Due to the welcoming nature of the staff and students at the University, it didn’t take long to feel at home with both my English teaching colleagues and staff from the other disciplines. I have fond memories of eating lunch at the cafeteria and at the restaurant across the street from the campus where I learned a lot about home cooked Mexican food, my colleagues, the university, the community, and Mexico in general. In turn, they got to know me as I bumbled my way through Spanish answering their questions. There were moments when I mistakenly misused slang and new expressions which resulted in belly laughs, and giggles. This good-natured banter opened doors to the integration process. Soon I received invitations to homes, family celebrations, and a variety of other events. I will always be grateful for their willingness to include me as one of their own.

Throughout my twelve month-service, I had the privilege of living with a host family. Like my colleagues at the university, they welcomed me warmly. Over time, our dinner conversations involved worries, concerns, hopes, plans, dreams, and everything else a family would talk about. Increasingly, mutual understanding and respect deepened to the point that our connection has continued to this day. As a recently returned Volunteer, I had a chance to visit my family again and I felt right at home as soon as I entered the gate.

Serving in the Peace Corps has allowed me to connect with bright, talented, friendly, supportive, and generous people of all ages on both a professional and personal level. Some of these connections have developed into friendships that will last a very long time. My association with Mexico has changed from a vacation destination to a second home in a small town far away from tourists where the citizens have welcomed me with warmth and affection. So, when people ask me what I thought of my Volunteer experience in Mexico, I speak of the incredible people who taught me so much about themselves and their country and the deep respect I have for them.

En 2019, fui asignado como Voluntario de Response a un pequeño plantel de una universidad en un pueblo minero en las montañas del estado de Hidalgo, México. Mi servicio estaba enfocado en enseñar Inglés Técnico para propósitos académicos (ETAP), mi rol principal era ser co-maestro de cuatro maestros de inglés que enseñaban en las carreras de Leyes, Ingeniería enfocada en Minería, Contabilidad y estudiantes de preparatoria inscritos en el programa de inglés de la Universidad.

Mis colegas y yo colaboramos en la creación de clases comunicativas y un conversatorio para mejorar las habilidades de expresión en inglés. La recompensa personal y profesional es incalculable.

Debido al carácter acogedor del personal de la Universidad y a los estudiantes, al poco tiempo me sentí como en casa, tanto con los maestros de inglés como con los maestros de otras disciplinas. Tengo muy buenos recuerdos de la hora del lunch en la cafetería y en el restaurante que se encontraba en frente de la Universidad, donde aprendí mucho sobre la comida mexicana, mis colegas, la Universidad, la comunidad y México en general. A cambio, ellos me conocieron mientras me tropezaba respondiendo a sus preguntas en español; hubo momentos en los que me equivoqué al usar frases coloquiales y nuevas expresiones, lo cual resultó en dolores de estómago debido a las risas, sin duda, esto ayudó a mi integración. Al poco tiempo recibí invitaciones a las casas de mis colegas, celebraciones familiares y variedades de eventos. Siempre estaré agradecido por incluirme en todas las celebraciones como si formara parte de la comunidad.

Durante los doce meses de mi servicio, tuve el privilegio de vivir con una familia anfitriona, quienes me recibieron con los brazos abiertos. Con el tiempo, durante nuestra sobremesa en la cena, compartíamos nuestras preocupaciones, esperanzas, planes, sueños y todo lo que una familia platicaría. Todo esto contribuyó a una comprensión mutua y respetuosa, tanto que la amistad sigue hasta el día de hoy. Ahora que he regresado como Voluntario, he podido visitar nuevamente a la familia y me sentí como en casa desde que entré por la puerta.

Ser Voluntario de Cuerpo de Paz me ha permitido conectar con personas brillantes, talentosas, amigables y generosas de diferentes edades desde una perspectiva profesional y personal. Algunas de estas conexiones se han convertido en amistades que durarán por mucho tiempo. Mi relación con México ha cambiado, de ser un destino de vacaciones a convertirse en mi segundo hogar, en un pequeño pueblo alejado de turistas donde sus pobladores me han recibido con amor y afecto. Por eso cuando la gente me pregunta sobre mi experiencia como Voluntario en México, siempre hablo de la increíble gente que me enseñó mucho sobre ellos y sobre el país y del enorme respeto que tengo por ellos.