Jump to Content or Main Navigation

Paul D. Coverdell World Wise Schools

Paul D. Coverdell World Wise Schools

Building a Better Future

Region
South America, Guatemala

Visit Alta Verapaz and see how Peace Corps Volunteer Chris Barry collaborated with local leaders to organize the community and construct a junior high school.

English

 

My name is Chris Barry and I served as a Peace Corps Volunteer in Guatemala from 2008-2010. I lived in Alta Verapaz and worked in our ecotourism program.

I worked directly with six communities that managed five tourist destinations in Alta Verapaz and Peten, ranging from caves to an ancient Mayan archeological site under excavation.

These Mayan Q'eqchi' villages are rustic, poor, and home to some of the most extreme malnutrition in Guatemala. Most families support themselves through subsistence farming and the surplus sale of corn, beans, and cardamom *. The ecotourism program aims to diversify the income of these villages in an effort to raise their overall standard of living while properly managing their natural and cultural resources. During my service, along with guide training and better business practices, we focused on promotion and marketing, in an effort to increase visibility and tourist visits to our nature tourism destinations.

My village, set in the hills southeast of Chisec, is home to 900 residents and stunningly beautiful lagoons surrounded by virgin rainforest.

Marcos Xe, the selfless community leader, heads the tourism association, harvests corn, cardamom, coffee and beans, manages a heard of cattle, serves as pastor for one of the community churches, and is a tireless crusader for the development of the village.

One of his main concerns from our first conversation was the lack of secondary education opportunity in the community. He had a dream of beginning with a junior high and working towards a high school to ensure that the children of his village have the educational opportunity necessary for personal growth and development and the subsequent advancement of the community at large.

Shortly after meeting Marcos, I had the opportunity to assist Peace Corps Volunteers Jonathan Miller and Sarah Scott in the construction of a two-room elementary school in El Quiche. They used a wood-framed structure and a normal, metal corrugate roof, but instead of wood boards or cinder blocks, plastic bottles stuffed with inorganic waste, were used to form the structure of the walls. Chicken wire was stretched on either sides with the bottles wedged between. Once the bottles were in place, we covered them with a stucco finish.

Several months later, I proposed the idea of building a junior high bottle school to Marcos and other community leaders. Despite some initial skepticism, they agreed to donate the manual labor necessary to complete the project. Funding was secured through Hug it Forward, a nonprofit organization from the states, as well as contributions from friends and family.

Marcos and I were able to collaborate with the mayor, a pro-bono architect, and 11 local schools to handle all of the logistics of the projects, including the collection and stuffing of 10 thousand plastic bottles.

This project triumphed on many levels. Thousands of hours were dedicated to bottle collection, design of the building, fundraising, planning, community meetings, and workshops. Most important is the sweat equity invested by the men of the community working in hot, humid weather, breaking rocks with sledgehammers and pry bars, digging trenches, hauling dirt, mixing cement by hand, and erecting a building that will serve the educational needs of the community's children for decades to come.

The last week of construction was a fury of double shift days fueled by soft drinks and sweet bread, while a donated cement mixer lightened the workload and pushed us on to completion.

Inauguration was replete with a smoke-filled, make-shift kitchen, dancing, lip syncing, ribbon cutting, and tons of food. We even took advantage of the new shelter when an early evening storm christened the school with a torrential downpour.

Ultimately, this project would not have been possible without the diligence and passion of Marcos Xe, the enthusiasm and volunteerism of local school children, the collaboration of the mayor's office and a local architect, the generosity of donors from the U.S., the spirited support of American volunteers, and the hard work of the villagers. All of these efforts combined to provide hundreds of children the chance at a better future through education, while also providing a platform to talk about proper waste management and removing several tons of trash from the local environment. It was a rewarding project with a positive impact for all involved. 

Spanish

 

Mi nombre es Chris Barry y fui voluntario de Cuerpo de Paz en Guatemala durante el 2008 y 2010. Viví en la Alta Verapaz y trabajé en programas de ecoturismo.

Yo trabaje con seis comunidades en Alta Verapaz y Peten. Ahí había cinco destinos turísticos diferentes que variaban de cuevas a sitios arqueológicos mayas en excavación.

Estos pueblos mayas son rústicos, pobres y de alto índice de extrema desnutrición en Guatemala. La mayoría de las familias se sostienen por medio de la agricultura sostenible y de la venta de maíz, frijol y cardamom (un condimento común de la cocina de medio oriente del país). La meta de los programas de ecoturismo es de diversificar el ingreso de estos pueblos y así incrementar el nivel de vida de los habitantes mientras que se da un manejo adecuado a los recursos naturales y culturales. Durante mi servicio use mi conocimiento en practicas empresariales para enfocamos en la promoción y mercadeo de los pueblos y así aumentar el número de visitantes a nuestros sitios turísticos.

Mi comunidad se encuentra en las colinas surorientales de Chisec. Aquí hay alrededor de 900 residentes y el pueblo esta rodeado de hermosos lagos y de selvas vírgenes.

Marcos Xe, es el líder que desinteresadamente ayuda a su comunidad. Él es la cabeza de la asociación de turismo, cosecha maíz, cardamom, café y frijol, maneja ganado, es pastor de una de las iglesias, y además es un luchador constante por el desarrollo del pueblo.

En nuestra primera conversación, Marco Xe me comentó que una de sus preocupaciones más grandes era la falta de acceso a la educación secundaria dentro del pueblo. Él tenía el sueño de crear una escuela de bachillerato medio para después poderlo continuar en un bachillerato alto y tratar de asegurar a los niños del pueblo la oportunidad educativa necesaria para el crecimiento y desarrollo personal. Marco Xe sabía que la educación se vería reflejada en avances para el pueblo en un futuro.

Poco después de conocer a Marcos, tuve la oportunidad de asistir en la construcción de dos aulas para una escuela primaria construida a base de botellas plásticas. Este proyecto fue dirigido por los voluntarios de Cuerpo de Paz Jonathan Miller y Sarah Scott en la comunidad de El Quiche. Ellos usaron marcos de madera y techos de metal, pero en vez de utilizar bloques de cemento ó tableros de madera, usaron botellas plásticas llenas de basura inorgánica para construir las paredes. Una vez estaban puestas las botellas las aseguraron con alambre de malla a ambos lados y después procedieron a cubrir con cemento.

Meses después, yo propuse a los líderes del pueblo la idea de construir una escuela secundaría a base de botellas. Aunque hubo cierto escepticismo en un principio, acordaron en donar la labor necesaria para completar el proyecto. Los fondos financieros estaba asegurados por Hug It Forward , una organización sin ánimo de lucro de los Estados Unidos, y también por otras contribuciones de amigos y familiares.

Marcos y yo le colaboramos al alcalde, a un arquitecto pro-bono, y a 11 escuelas locales a manejar toda la logística de los proyectos que incluían recolectar y rellenar más de 10.000 botellas de plástico.

Este proyecto triunfo en muchos sentidos. Dedicamos miles de horas a la recoger botellas, diseñar la estructura, recaudar fondos, planear reuniones comunitarias y talleres. Pero lo más importante fue el sudor y esfuerzo que invirtieron los hombres del pueblo quienes trabajando bajo el clima caliente y húmedo rompieron piedras con martillos, excavaron trincheras, arrastraron tierra, mezclaron el cemento con sus manos y construyeron una estructura que proveería las necesidades educativas de los niños del pueblo durante décadas por venir.

La última semana de construcción fue de días arduos de doble turnos, donde consumimos refrescos y pan dulce para llenarnos de energía, el mezclador de cemento (una contribución de un contratista local) nos ayudó a disminuir la carga de trabajo y nos empujó a terminar la construcción más rápido.

En la inauguración hubo mucho polvo, pero hubo baile, cortamos la cinta y hubo mucha comida. Incluso aprovechamos del nuevo refugio para cubrirnos cuando una tormenta bautizo la escuela con un torrencial aguacero.

Finalmente, este proyecto no hubiera sido posible sin la diligencia y pasión de Marcos Xe, el entusiasmo y voluntad de los niños de las escuelas locales, la colaboración de la alcaldía local y el arquitecto, la generosidad de los donantes estadounidenses, el soporte espiritual de los voluntarios de Cuerpo de Paz y el difícil trabajo que realizaron los habitantes del pueblo. Todos estos esfuerzos se juntaron para dar a cientos de niños la oportunidad de un mejor futuro por medio de la educación. También este proyecto proveyó una plataforma para manejar apropiadamente los residuos inorgánicos y eliminar los desperdicios en el medio ambiente. Fue un proyecto gratificante con un impacto positivo para todos los que estaban involucrados.