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Paul D. Coverdell World Wise Schools

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El Consejo del Rey

Spanish Translation: The King's Advice

Region
The Caribbean, Dominican Republic
Type
Folk Tale

 

Una tarde estaba sentada en la concina de Soledi, viendo como hervían los plátanos para el desayuno del día siguiente. Estábamos esperando que parara de llover para poder continuar con nuestro trabajo en la letrina. A medida que pasaba el tiempo se nos agotaban los temas de conversación, hasta que entonces nos quedamos viendo la lluvia caer entre las paredes de palma.

" Soledi, te sabes algún cuento", le pregunté a la anciana que calentaba su cuerpo junto al fuego. Pensaba a mis adentro que cualquier cosa era mejor que solo ver la lluvia. Ella se volteó y me dio una mirada fulminante. Yo pensé que había dicho algo malo, ó que de pronto le estaba pidiendo mucho. Se veía estremecida, pero de repente su expresión empezó a calmarse.

Soledi empezó a contar la historia diciendo, " Había una vez un hombre infeliz que se caso con una mujer infeliz". Ella sonríe mientras ve como me recuesto en la silla y recojo mis piernas entre mis brazos. " Cuando la mujer quedo embarazada el hombre fue en busca de trabajo para poder proveer un hogar para su hijo que venía en camino en el vientre de su esposa. Un día, el hombre decidió encaminarse hacia la aldea en busca de oportunidades. Cuando llego al pueblo le pregunto a un anciano, " ¿Tienes trabajo para mí?", El anciano le respondió, " No, lo siento, no tengo ningún trabajo para ti". A el anciano le dio tanta lastima del joven que le dijo, "Toma este camino hasta que llegues al rey. Él va a tener trabajo para ti".

El hombre joven le agradeció e inició su camino en busca del rey. Cuando llego, le preguntó al rey por trabajo, y el rey le dijo "Sí, yo tengo trabajo para ti, pero no te pagare hasta que completes 20 años de trabajo en mi reinado". El joven suspiró, él no quería esperar los 20 años, pero pensó que era mejor aceptar las condiciones del rey a quedarse sin trabajo.

"OK", dijo el joven, "Yo trabajaré para ti". Al otro día el hombre joven se levantó y fue donde el rey. Desayunaron juntos y después le mostró su trabajo. Mientras comieron tuvieron una placida conversación, incluso el joven aprovecho para contarle al rey sobre su esposa embarazada en aquella aldea lejana del reino. Después del desayuno, el rey llevo al joven a los campos y le dio instrucciones para que cogiera un caballo y vigilara sus tierras.

En las noches el rey invitaba al joven a tomar la cena juntos. Por consiguiente, después de muchos años el rey y el joven se hicieron muy buenos amigos. El joven se dio cuenta que era el acompañante más cercano al rey, y se cuestionaba que pasaría después de 20 años.

Eventualmente el día llego y el joven cumplió los 20 años de trabajo junto al rey. El joven ahora ya era un hombre, él empacó sus cosas y se fue a tomar el desayuno con el rey. El hombre le dijo al rey, "Mi rey, hoy completo mis 20 años trabajando para usted". El rey lo miró sorprendido y le dijo, "¿Realmente estas planeando regresar con tu esposa y tu hijo después de estos 20 años?"

"Mi rey, yo prometí que regresaría", el hombre le respondió. El rey se levantó y camino hacia el cuarto contiguo. Cuando regreso dijo, "Entonces aquí está el pago por los 20 años de trabajo que te había prometido". Sin embargo, le dijo "Ahora puedes tomar el dinero y regresar por el mismo camino, ó puedes tomar mis cuatro consejos". El hombre suspiró. Él no quería rechazar el dinero, pero había aprendido tanto del rey a través de los años que acepto tomar sus cuatro consejos.

El rey se sentó y le dijo al hombre, "Mi primer consejo es que nunca cuelgues tu hamaca en un lugar donde haya corrido agua alguna vez. Mi segundo consejo es que nunca te involucres en una situación en la que no conozcas nada al respecto. Mi tercer consejo es que tomes siempre el camino real. Mi último consejo es que nunca creas en la primera cosa que escuchas". El hombre escuchó detenidamente al rey, y cuando terminó, el hombre asintió con la cabeza como muestra de aceptación de los consejos, le agradeció y recogió sus cosas. El rey se paró y dijo, "Si encuentras a tu esposa y a tu hijo sanos y vivos, dales este pan". El hombre cogió el pan y se fue en busca de su hogar.

El hombre camino hasta el anochecer y decidió campar entre la selva. Encontró un árbol que parecía perfecto para atar su hamaca. Mientras que estaba atando las cuerdas bajo la mirada y se dijo: "Mi rey me aconsejo que nunca colgara mi hamaca en un lugar donde haya corrido agua alguna vez, y aquí antes hubo agua". El hombre desató la hamaca y camino hacia la cima de una colina para atar su hamaca en otro lugar. En la mañana, cuando empacó sus cosas y empezó a bajar la colina se dio cuenta que el lugar donde casi cuelga su hamaca se había inundado completamente. El hombre reflexionó sobre el primer consejo y dijo: "El consejo de mi rey me ha salvado la vida". El hombre continúo su camino contento de haber escuchado el primer consejo del rey.

Esa misma noche, el hombre se encontró con una casa donde vivía un hombre viejo. El hombre golpeó la puerta y el viejo lo invitó a pasar. El hombre le preguntó al viejo si podía pasar la noche ahí, y él le respondió que sí. El viejo le trajo un café y le dijo, "Siéntate un rato conmigo, cuando estés cansado hazme saber, y yo te indicaré el lugar donde puedes pasar la noche".

Entonces se sentaron junto al fuego, tomaron café y conversaron hasta que el hombre le dijo al viejo, "Estoy cansado. ¿Dónde puedo dormir esta noche?".

El viejo lo dirigió hacia la puerta y le dijo, "¿Ves ese cobertizo allá arriba? Lleva tu hamaca y átala donde encuentres un lugar". El hombre le agradeció al viejo y empezó a caminar hacia el cobertizo en la colina. Cuando el hombre escalo la colina encontró una pequeña puerta, casi mitad del tamaño de una persona. Al lado de la puerta pequeña, había una puerta gigante con un perro guardián encadenado. El perro miró al hombre fijamente y pensó a sí mismo, "Mi rey me aconsejo nunca involucrarme en una situación en la que no conociera nada al respecto, y yo no sé este perro guardián para que está acá, así que yo no voy a mover nada". El hombre se exprimió entre la puerta pequeña, colgó su hamaca y durmió plácidamente. La mañana siguiente el hombre bajo del cobertizo y el viejo lo recibió con un buen desayuno. Después de comer, el viejo le preguntó al hombre si había dado un vistazo alrededor del cobertizo en la mañana.

"No, yo me fui del cobertizo apenas amaneció" dijo el hombre.

El viejo le dijo, "hazme un favor, sube al cobertizo y mira a tu alrededor para ver que encuentras". El hombre subió, miró a través de la puerta pequeña y el perro guardián seguía en la puerta grande. Cuando el hombre bajo a donde el hombre viejo, le dijo que el cobertizo estaba lleno de huesos de humano.

El viejo se rió y le dijo que esos eran los huesos de la gente que había tratado de mover al perro guardián. El hombre se despidió y rápidamente se fue pensando que el consejo del rey lo había salvado una vez más de la muerte.

Mientras continuaba su camino, el hombre se encontró con una señora de edad. El hombre paro a preguntarle por el camino para llegar a la aldea, y le dijo, ¿Estoy buscando a la señora Fulana?

"Si, yo sé cómo puedes llegar a la aldea", ella respondió, "Pero si continuas por este camino no vas a alcanzar la aldea sino hasta mañana. Mejor deberías cruzar la selva por este camino", dijo la señora de edad que le señalaba al hombre un nuevo camino, "Cuando llegues al pie de la colina, haz una derecha, y llegarás a la aldea para el anochecer". El hombre le agradeció y la señora de edad siguió por su camino.

El hombre dio el primer paso y pensó, "mi rey me dijo que solo tomara el camino correcto". Así que prefirió continuar su camino y rechazar el que la señora de edad le había sugerido. Esa noche el hombre encontró un lugar seguro donde descansar. A la mañana siguiente, mientras caminaba, el hombre se encontró una cabra muerta y recordó que estaba en la pendiente que el día anterior había mirado hacia abajo cuando la mujer de edad le aconsejaba que siguiera ese camino. Se dio cuenta que el atajo que iba a tomar estaba lleno de arbustos espinosos y tierras embarradas. La cabra se había enredado entre las espinas y había perdido el equilibrio en el barro. El hombre continuó su camino pensando una vez más en el gran consejo que le había dado el rey.

En la noche, el hombre se encontró con una aldea. Aunque se veía muy diferente, el hombre sabía que era su aldea. Mientras caminaba entre las calles otro hombre se acerco y le preguntó, ¿Acaso no eres tu Fulano?

El hombre asintió con su cabeza y le pregunto si sabía algo de su esposa y de su hijo. "Al irte y no regresar ellos pensaron que estabas muerto, incluso hasta te hicieron un funeral. Tu esposa se ha vuelto a casar y tu hijo ya tiene su propia familia. Ellos ya se han olvidado de ti".

El hombre bajo su mirada, se sintió triste, pero recordó el último consejo del rey, "Nunca creas la primera cosa que escuches". Entonces el hombre decidió ir a buscar por si solo la verdad.

Camino unas calles hasta que encontró a una mujer a la que le preguntó donde vivía su esposa Fulana. La mujer con un gesto indicó que era la casa de al frente. El hombre camino hasta la casa, vio a un joven leyendo el periódico en el pórtico y quien sin ni si quiera levantar la mirada, gritó hacia al interior de la casa diciendo, "Hay alguien que te viene a ver".

Cuando la mujer apareció en la puerta, el hombre le dijo. "Excúseme mi señora, llevo viajando varios días y estoy buscando un lugar donde me pueda quedar a dormir". La señora le dijo que podía seguir, ella estaba cocinando la comida y le dijo que si quería podía tomar un baño cuando quisiera.

El hombre se sentó y observó a su alrededor. La casa estaba bien amoblada y decorada. La mujer le sirvió café y el joven lo acompañó. Los dos conversaron por un rato y el hombre le preguntó al joven, "¿Es ella tu esposa?"

El joven le respondió, que ella era su madre y le indicó en donde era el baño. Cuando el hombre regreso la mesa del comedor estaba lista, la mujer y el joven estaban sentados esperándolo para la cena. El hombre los acompañó y todos comieron en silencio. Entonces el hombre le preguntó a la mujer, "Perdóneme, no quiero ser entrometido, pero me gustaría saber ¿qué le paso a su esposo?".

La mujer suspiró y respondió, "Mi marido se fue poco después de habernos casado y de haber quedado embarazada. El se fue en busca de trabajo. Sin embargo, nunca regresó, eventualmente me toco pedir ayuda en la comunidad, empecé un pequeño negocio y logre pagar la escuela de mi hijo".

El hombre le pregunto, "¿Pero tú nunca te volviste a casar?

"No, nunca me volvería a casar", ella dijo. Después ella se paró y dijo que guardaba la esperanza de que su esposo regresara, "Yo siempre lo reconocería porque nació con una mancha de nacimiento en su pecho que tiene forma de estrella".

El hombre se paro y dijo, "¿se parece a esta mancha?" y se abrió su camisa.

Ella gritó, "hijo mío tu padre ha regresado" y abrazo a su esposo.

Después de un momento, ellos se sentaron y el hombre empezó a contarle sobre sus pasados 20 años. Él les conto que iba a traer dinero, pero que en cambio prefirió tomar los cuatro consejos del rey, que al final le habían salvado la vida cuando regreso a la casa. "Mi rey me dijo que si encontraba a mi esposa y a mi hijo sanos y vivos que les diera este pan", el hombre les dijo. La mujer puso el pan sobre la mesa para comer un poco y celebrar el regreso de su esposo.

Mientras la mujer partía el pan encontró que este estaba lleno de oro.

Soledi me miro e inesperadamente me sonrió, y yo me reí recostándome en la silla. Había estado tan atenta a la historia que no me había dado cuenta que ya había parado de llover. Después de un minuto, le agradecí y me dirigí a continuar con mi trabajo. 

About the Author

Angela (Rich) George

Angela (Rich) George served as an agroforestry community development Peace Corps volunteer in the Dominican Republic from 2001-2003.

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